“Educar personalidades implica una actitud docente centrada en la dinámica motivacional maestro-discípulo.” – Xavier C. Orozco
“El resultado global de mi gestión en la empresa fue dispar: algunas cosas no supe hacer, otras no pude y otras no quise”- Los tres obstáculos en la eficacia laboral
La personalidad resulta un factor clave para lograr que la competencia -producto de la capacitación profesional- promueva en el escenario laboral un aporte plus al mejor desempeño, sin desestimar desde luego elementos favorables o desfavorables de tipo situacional contingente (entorno, vínculos grupales, estilos de conducción, retribuciones, etc.).
Capacitar para la praxis laboral implica unir la generalidad de la teoría con la particularidad del sujeto que la aprende (y la aprehende) y la singularidad del escenario de la organización (escuela-empresa).
Para este logro es necesario que la formación profesional integral del Recurso Humano se sostenga en el concepto determinante y complementario de Factor Humano y su componente clave: la Personalidad como efector de desempeño.
¿En qué consiste esta idea-fuerza?: en formar educando para la praxis. Es lo que llamamos “Capacitación Convergente”, esto es el encuentro operativo de las necesidades de la persona real con los requerimientos del personaje de rol profesional. Articulados ambos factores por el estilo de personalidad del educando, se asegura el desempeño sostenido de lo que llamamos una “personalidad competente”, que implica conocer, analizar y decidir sobre los tres obstáculos implícitos en la relación persona-tarea: el educativo-cognitivo (no supe), el fáctico-material (no pude) y el volitivo-idiosincrático (no quise).
Así educar en excelencia es capacitar personas y lograr personalidades competentes para un desempeño laboral de calidad. Educar, entonces, es ante todo educar personalidades.
La idea de que capacitar a las personas para lograr recursos humanos de alto rendimiento es tributario de la educación de las potencialidades de la personalidad, es decir el desarrollo singular de los “talentos”, tiene -además de una dimensión comunicativa axiológica- un reflejo directo tanto en los contenidos como en la dinámica pedagógica de la actividad capacitadora.
Capacitar personas, educar personalidades
Aunque va de suyo, es poco frecuente asociar de forma manifiesta a la Educación en general con la formación de los Recursos Humanos. Menos frecuente aún es presentar los objetivos de una organización educativa profesional como educadora de personalidades para el logro de metas académico-laborales. El alumno de una carrera mayor, de una tecnicatura, de una escuela de oficios, etc., busca, con mayor o menor conciencia, no solo una capacitación práctica que lo inserte en el mundo laboral o mejore sus oportunidades y su estatus profesional, sino una identidad de rol laboral, un perfil que se acomode a sus expectativas de vida y en parte a sus intereses y estilo de ser-en-el-mundo que devienen de su personalidad y de su sistema de valores y creencias.
La pedagogía de la capacitación convergente buscará ayudarlo a que descubra los puntos de coincidencias y divergencias entre esos valores y creencias y los contenidos ético-pragmáticos de la capacitación profesional que recibe y los procese adaptando los resultados a las características, dinámica y estilo de su personalidad.
Este proceso de “confrontación crítica” y auto-diagnóstico del “como soy” y “como me llevo con la materia o el perfil de profesión al que tendré que acceder”, facilita un posterior desempeño profesional centrado en lo que se conoce como manejo emocionalmente inteligente de las relaciones laborales.
En otras palabras: si “meto en una caja estanca” los contenidos que me enseñan en el Instituto y luego con el título bajo el brazo voy a buscar trabajo, es probable que al momento del desempeño de la tarea abra la caja, saque algunas herramientas que llevo, me ponga el disfraz del personaje y sin incorporar nada o poco de la identidad laboral, mi trabajo se disocie entre la persona que soy y la tarea que me solicitan. Es decir, que aquí la personalidad (expresión de la esencia personal) aparecerá distante y enajenada de la tarea y carente de motivación intrínseca, (solo causada por el deber externo).
Motivar personas es optimizar personajes
La motivación personal es la clave del logro de alto rendimiento y calidad laboral, con autonomía de otros factores incidentes (como la retribución, las relaciones sociales, etc.), y depende en gran medida de cómo se ubique la personalidad y sus valores respecto de la forma y el fondo de la tarea.
Educar personalidades implica una actitud docente centrada en la dinámica motivacional maestro-discípulo. Una capacitación en torno a la aplicación de las teorías y los conceptos al escenario real actual y previsible en donde el capacitando deberá desempeñar su rol. ¿Cómo se ve el alumno actuando su rol? ¿Qué dudas, certezas y escenas deseadas y temidas se le antojan a la hora de incorporar las enseñanzas que apuntan a modificar su ineptitud de inicio llevándolo a una paulatina y creciente expertise que lejos de culminar sigue en ascenso a partir de su graduación? Quienes tenemos experiencia como docentes académicos y capacitadores laborales, nos resulta familiar la expresión “Yo no me veo para tal o cual tarea” o “Yo no sirvo para tal o cual profesión”. Esto no tiene que ver con la capacidad de aprendizaje, ni con la inteligencia abstracta, sino con la personalidad y su horizonte perceptual del mundo, así como con la autoestima y la autoconfianza de cada uno. No se trata de forzar la inclinación de intereses del alumno. (salvo en el caso en que el factor inhibición de la confianza se relacione con una crisis de la identidad, propia de la adolescencia, en cuyo caso no hablamos de forzar disposiciones sino de apoyar emocionalmente al alumno, reforzando su ego). Se trata de descubrir las mejores disposiciones personales y los factores operativos de su personalidad para ponerlos al servicio de su crecimiento profesional: en otras palabras, la persona justa en el lugar justo. Y todo esto educando personalidades.
(*) Psicólogo. Consultor capacitador en Psicología del Trabajo y RRHH (UBA-UNMDP)